Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas


ISSN versión electrónica: 2174-0135
ISSN versión impresa: 2386-6926
Depósito Legal: MA 2135-2014

Presidente del C.R.: Antonio Ortega Carrillo de Albornoz
Director: Manuel J. Peláez
Editor: Juan Carlos Martínez Coll


Rafael Palomino Lozano, Religión y Derecho comparado, Prólogo de Rinaldo Bertolino, Iustel, Madrid, 2007, 417 págs.

Guillermo Hierrezuelo Conde

ABSTRACT: El Derecho Eclesi�stico del Estado en Espa�a es un �rea de conocimiento que, en las Facultades de Derecho, se ha traducido en la substituci�n de las ense�anzas del Derecho Can�nico de la Iglesia Cat�lica Romana, por un conglomerado de cosas y campos cient�ficos que llevan a que los profesionales de dicha �rea escriban sobre lo divino y sobre lo humano, con desigual criterio, variable formaci�n e irregular manejo de lenguas extranjeras (unos varias, pocos muchas y un notable grupo que solo acoge la doctrina en lengua espa�ola). Intolerable resulta que en otra vuelta de tuerca, inconcebible y execrablemente carpetovet�nica, ahora se les est� en algunos lugares denominando a los profesionales de dicho sector cient�fico bajo el rimbombante t�tulo de docentes de �Derecho y Factor Religioso�. El factor era un comerciante o un empleado de las estaciones de ferrocarril. La religi�n cat�lica y el resto de las religiones son una cosa much�simo m�s seria para que se utilice semejante denominaci�n que solo puede hab�rsele ocurrido al t�pico gara��n anticlerical de turno tras una destemplanza de vinolencia. Rafael Palomino no pertenece ni a los destemplados ni a los gurruminos partidarios del nuevo �Factor Religioso�, sino que es uno de los estudiosos m�s serios del Derecho Eclesi�stico con que contamos en el Estado espa�ol (de momento monarqu�a constitucional y, antes de tres lustros, esperemos, gracias a Dios, Rep�blica Federalista) y contextualiza paradigm�ticamente la relaci�n entre Derecho y Religi�n, siguiendo de cerca la doctrina norteamericana e italiana. La alemana y la francesa no parecen interesarle demasiado. En las actuales circunstancias de fundamentalismos religiosos isl�micos por un lado y por otro de una laicidad emergente de la mano de pol�ticos ignorantes, avillanados y molondros que, en un mundo de tr�nsfugas, disolutos y prevaricadores, arruinan econ�mica y moralmente a los pa�ses donde gobiernan por sus err�ticas pol�ticas sociales y su desconocimiento de los m�s elementales conceptos de la Ciencia econ�mica y de la Hacienda P�blica, la religi�n debe ser un referente para la purificaci�n de la sociedad y la idea de trascendencia asume carta de naturaleza que tranquiliza la conciencia de hombres y mujeres atribulados. El binomio Religi�n y Derecho es hoy m�s que nunca una necesidad y su ense�anza en las Facultades de Derecho, de Ciencias Pol�ticas y Sociolog�a y de Trabajo Social deber�a ser obligatoria si queremos formar ciudadanos responsables en la Europa del siglo XXI.

PALABRAS CLAVE: Religi�n, Derecho, Factor religioso, Derecho Eclesi�stico del Estado, Libertad religiosa, Rafael Palomino, Rinaldo Bertolino, Rafael Navarro Valls.

Como Rinaldo Bertolino aclara, Rafael Palomino �se sirve de una metodolog�a de investigaci�n exhaustiva: conjuga el presente �jur�dico o religioso� con la tradici�n� (p. 16), y adem�s �se coloca frente a estas realidades que aspiran al absoluto y a lo totalizante, movi�ndose desde la �nica realidad que considera verdaderamente definitiva, como pen�ltima s�lo respecto del Absoluto de Dios� (p. 17). Adem�s, el creer religioso no pierde en nada su objetividad, porque de �l puede predicarse lo mismo que se dice de lo sagrado: se trata de un valor y, en cuanto tal, es completamente objetivo. Bertolino considera que la gran aportaci�n de R. Palomino ha sido la de �pronosticar un futuro modelo europeo sobre la disciplina, caracterizado por la ausencia de toda referencia a tradiciones espec�ficas, y cuya clave fundamental ser� el di�logo interreligioso� (p. 24). Entre las reflexiones m�s importantes del autor destacamos la necesidad de introducir en el �mbito de la juridicidad estatal una noci�n de religi�n, reconoci�ndole su propia y previa operatividad extrajur�dica, metajur�dica y parajur�dica. Nos ofrece asimismo una visi�n panor�mica cultural, social, y, en consecuencia, jur�dica, que exigir�a una transformaci�n radical, frente a las nuevas exigencias del multiculturalismo. Por otro lado, Palomino Lozano destaca que el Derecho eclesi�stico actual respeta en todo momento los valores expresados en la Constituci�n de 1978. De esta forma, se cerr� la �cuesti�n religiosa� del pasado, superando el r�gimen de confesionalidad del Estado durante periodos precedentes y particularmente acusado en el siglo XX durante las dos dictaduras militares que hubo de sufrir el Estado espa�ol, la de Primo de Rivera cultural e ideol�gica, la de Franco con miles de muertes, tras procesos sumar�simos. Resulta incomprensible la insensibilidad del tirano del fardo ante el valor de la vida humana de las que �l dispon�a ratificando condenas de los tribunales sin el menor atisbo de misericordia.

R. Palomino matiza que Religi�n y Derecho han estado siempre en continua interacci�n a lo largo de la Historia, predominando en determinados momentos uno sobre el otro. En occidente se ha producido una secularizaci�n del Derecho, vinculada a la monopolizaci�n de lo jur�dico por lo estatal. Pero, en el Estado democr�tico, la religi�n se plantea como fen�meno social y de las libertades. El Derecho eclesi�stico del Estado no es propiamente una ciencia jur�dica, sino una rama o disciplina de estudio cient�fico-jur�dico. Pero aclara tambi�n que cuando aparece el t�rmino religi�n no es una cuesti�n reservada al Derecho eclesi�stico del Estado, en la medida en que podemos estar ante el Derecho civil, ante el Derecho administrativo, ante el Derecho penal, etc. El concepto religi�n aparece asociado o inserto en el �mbito de las libertades fundamentales, aunque no toda referencia a la religi�n en un ordenamiento jur�dico implica la idea de derecho fundamental, ya que puede darse el caso en que el bien jur�dico protegido no sea la libertad en s�, sino el desarrollo de las denominadas actividades religiosas (p. 58).

En ocasiones los estudiosos de las ciencias de la religi�n establecen una l�nea divisoria entre religi�n y pseudo-religiones. De esta forma, han aparecido otras alternativas como las religiones de sustituci�n, la magia, la idolatr�a, el fanatismo religioso o el fundamentalismo, etc. (pp. 102-111). Rafael Palomino considera que la religi�n es �tica, en cuanto que establece un modelo de comportamiento y promueve su seguimiento como clave de salvaci�n o meta para la liberaci�n del hombre. De hecho, moralidad y religi�n aparecen estrechamente vinculadas en el hinduismo (dharma). Por otro lado, en algunos casos, el propio Derecho prev� mediante alguna cl�usula concreta la separaci�n entre la esfera pol�tica y/o de la esfera de actuaci�n estatal y la esfera religiosa. Cuando estas cl�usulas no resultan suficientes se produce la tajante divisi�n.

Existe una disociaci�n terminol�gica entre el texto del art. 16 de la Constituci�n espa�ola de 1978 y los textos internacionales y regionales en materia de libertad religiosa. Un sector doctrinal diferencia entre libertad ideol�gica y libertad religiosa, que se diferencian por su objeto. El pluralismo jur�dico parece abrirse camino en el estudio del Derecho de sociedades pluri-religiosas, de protecci�n de tierras de significado religioso o administraci�n de recursos naturales compartidos. En opini�n de algunos autores, ni siquiera los est�ndares internacionales sobre libertad de pensamiento, conciencia y religi�n exigen necesariamente la separaci�n de la religi�n y el Estado. Por ello, Palomino propone que la opci�n m�s equilibrada apunta por establecer un marco amplio dentro del cual nos mover�amos entre la �separaci�n benevolente� y la �cooperaci�n� (pp. 167-168). En realidad, no hay modelos perfectos, aunque resulta interesante el modelo espa�ol (pp. 168-173).

En Estados Unidos el tradicional modo de entender la religi�n en el sistema legal remite a un concepto de Dios, a una idea te�sta de la religi�n, y a una concepci�n institucional del culto a ese Dios, asociado con la tradici�n cristiana y, en su caso, judeo-cristiana de la que la civilizaci�n americana es tributaria en sus or�genes (pp. 191-255). La sentencia United States v. Kuch ha sido considerada prototipo de la limitaci�n del concepto de religi�n o, si se prefiere, el ejemplo cl�sico del contorno negativo de lo que no es religi�n, aunque haya aspectos formales coincidentes con la misma. Las v�as legales para que los grupos religiosos en los Estados Unidos puedan tener propiedades para el cumplimiento de sus fines (religiosos o conexos) pueden llegar a ser hasta doce distintos. Las Iglesias han utilizado a lo largo del tiempo muy variadas formas legales: trust, nonprofit corporations, partnerships, entidades asociativas espec�ficamente religiosas, etc. La amplia f�rmula propugnada por el Tribunal Supremo desde 1965 con un criterio funcional parece exigir, como contrapartida, un apoyo flexible en los criterios objetivos y externos que permitan identificar la religi�n, sobre todo en el �mbito organizativo.

En el Derecho espa�ol (pp. 257-353) la regulaci�n del fen�meno religioso es, en cierto modo contradictoria. La Constituci�n espa�ola no recoge una definici�n legal de religi�n, siguiendo la estela del constitucionalismo comparado. En efecto, no existe un criterio legal que permita definir qu� ente es una confesi�n religiosa para el Derecho eclesi�stico espa�ol, de igual forma que no existe una definici�n legal de iglesia o comunidad religiosa. Palomino Lozano entiende que el art. 16 de la Constituci�n espa�ola plantea un mandato tridimensional, que parte de dos principios: un principio dogm�tico y un principio pr�ctico. El primero pretende dar un enunciado al derecho de libertad religiosa, y el segundo un cauce de soluci�n a la �cuesti�n religiosa� en Espa�a. El texto del art. 16 no ofrece de por s� ninguna orientaci�n clara del objeto, definici�n o contenido de la libertad de religi�n y, por ende, del mismo concepto de religi�n. De todos modos, el art. 16.3 de la Constituci�n, cuando se refiere a las �creencias religiosas� y a las �confesiones�, establece la necesidad de clarificar cu�les son �stas, por contraposici�n a diversas expresiones de las creencias y de sus manifestaciones grupales. La Ley Org�nica de Libertad Religiosa de 1980 dirige de forma casi preferente el inter�s normativo hacia los derechos de libertad religiosa en su vertiente colectiva. De alguna forma, esto ven�a exigido por el principio de cooperaci�n establecido en el art. 16.3 del texto constitucional. Tambi�n analiza el autor el concepto de religi�n en la jurisprudencia (pp. 329-345), que establece algunos rasgos espec�ficos de la caracterizaci�n de los conceptos como religi�n; fines religiosos; e Iglesias, comunidades y confesiones religiosas. La adhesi�n a una religi�n constituye un fen�meno exclusivo y excluyente. Los fines religiosos remiten a la consideraci�n religiosa o no religiosa de la entidad de que se trate. La jurisprudencia de la Audiencia Nacional considera que la religi�n constituye un fen�meno colectivo, si bien sostiene que la calificaci�n de religi�n o fines religiosos, conforme a las condiciones legislativas no exige un m�nimo de fieles. Por su parte, el Tribunal Supremo realiza una nueva aportaci�n respecto de aquellos fines ajenos a lo religioso. En concreto, se�ala que son ajenos los �meramente cient�ficos o culturales�, siendo indiferente que dichos fines puedan ser o no coincidentes con los de otros grupos. Indica que carecen de fines religiosos las asociaciones interconfesionales con fines human�sticos o de solidaridad. La Sentencia del Tribunal Constitucional de 15 de febrero de 2001 ha analizado el contenido del t�rmino fines religiosos y diferenciaba los fines religiosos de aquellos otros fines colectivos presentes en la sociedad (econ�micos, culturales, sociales, demoantropol�gicos, ecol�gicos, deportivos, etc.) respecto de los cuales el Estado tambi�n realiza una m�nima concreci�n para otorgar efectos jur�dicos.

En el Derecho comparado italiano (pp. 355-402) la regulaci�n jur�dico-estatal del factor religioso en su dimensi�n colectiva se configura como Derecho especial. Se trata de un rasgo que vendr�a en parte propiciado por el principio de bilateralidad que establece la propia Constituci�n. El ordenamiento jur�dico italiano no establece un concepto de religi�n ni de confesi�n religiosa, aunque este �ltimo t�rmino se recoge expresamente en su Constituci�n. Pero s� se encuentran elementos accesorios, colaterales o sencillamente conceptos jur�dicos en los que se reflejan propiamente qu� se va a entender por religi�n. En efecto, la legislaci�n italiana evita una referencia directa a una posible noci�n de confesi�n religiosa, optando m�s bien por una distinci�n de sectores: el sector de la econom�a productiva y el sector de la religiosidad. En efecto, la Ley de asociaciones de promoci�n social parece establecer una diferenciaci�n entre pol�tica, econom�a productiva y promoci�n social o cooperaci�n al desarrollo. Tal esquema, a juicio de R. Palomino, resultar� v�lido hasta que nuevas formas de expresi�n de la religi�n exijan el replanteamiento conceptual de la actitud estatal (pp. 401-402). Cualquier grupo con finalidad religiosa puede constituirse y actuar en el ordenamiento jur�dico italiano, sin necesidad de autorizaci�n ni registro previo. La doctrina identifica el concepto jur�dico de confesi�n con el concepto de instituci�n dotada de capacidad jur�dica propia (p. 365). La doctrina constitucional sobre la materia religiosa se encuentra recogida fundamentalmente en tres pronunciamientos: la sentencia 467 del a�o 1992, la 195 del a�o 1993 y, por �ltimo, la 346 de 2002 (pp. 385-395).

Rafael Palomino es catedr�tico en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y nos ofrece una visi�n novedosa del Derecho comparado y multidisciplinar, materia en la que son escasas las obras jur�dicas que tratan este tema dentro del Estado espa�ol con tanta pulcritud. No obstante, como se observa en casi todos los componentes de la escuela de Navarro Valls, este libro de Palomino est� carente de ese tono de superioridad moral, de exquisitez y finura jur�dica de 30/30 e lode, con que escrib�a Carlo Arturo Jemolo, ni es tampoco el volc�n de ideas (la mayor parte de ellas de una heterodoxia alarmante) del que fuera gran canonista y eclesiasticista de la Universidad de Bolonia Giuseppe Caputo con su sorprendente culturizaci�n del hecho jur�dico-religioso. Libro magn�fico este de Rafael Palomino, aunque, como es habitual en �l, el laboratorio del constitucionalismo republicano y de la laicidad en Europa que es la dulc�sima Francia, hija predilecta de la Iglesia, parece importarle bien poco. [Recibido el 22 de diciembre de 2010].



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